somos responsables de nuestras emociones

Pensamos que podemos hacer daño y no es cierto

Como consecuencia del miedo a hacer daño aparecen: el bloqueo, la impotencia, el estancamiento, la duda, la resignación y en definitiva el sufrimiento.

Si sientes miedo a hacer daño significa que crees que puedes hacerlo y ahí es donde radica el principio de la cárcel que te estas creando.

Voy a exponerte cómo liberarte de ella aportando un poco de luz:

  • Por una parte sabes que eres la responsable de lo que sientes, de tus emociones ¡que para eso son tuyas!
  • Y por otra crees que puedes hacer daño y que otros pueden hacértelo a ti, por lo que valoras en tus decisiones el daño que puedas hacer o puedan hacerte, viviendo así  en un mundo en el que dependiendo de las circunstancias y de lo que hagan los demás así te sentirás tú.

¡Aquí aparece una incongruencia enorme! ¡no puedes creer estas dos ideas a la vez!

O crees que nosotros somos cada uno responsables de lo que sentimos.

O crees que a veces sí y a veces no, que es lo mismo que pensar que no existe tal responsabilidad.

Así que lo primero que tienes que hacer es tomar la decisión acerca de qué quieres creer, yo aposté hace tiempo por creer en la responsabilidad de lo que siento y los resultados son una vida plena y satisfactoria; pero la decisión es tuya y sólo tú puedes tomarla.

Yo tomé esa decisión porque me di cuenta de que vivir dándole la responsabilidad de lo que sientes a otros es la locura más evidente del ser humano.

Si tomas la decisión de creer que puedes hacer daño y/o que te lo hagan, entonces asume que has dado el mando de tu vida emocional a otras personas y estas a merced de una locura universal donde las personas viven sin ser dueñas de sí mismas.

Una vez que has decidido creer en tu responsabilidad emocional, viene vivirlo y es aquí donde ¡empieza lo divertido!

Estos son los pasos que yo utilizo:

  • Cuando siento algo lo primero que hago es reconocer que es mío (¿Quién lo siente? yo…es evidente)
  • Después si algún pensamiento me lleva a responsabilizar a otro, sé que no es verdad y vuelvo a mi responsabilidad personal.
  • Después miro la emoción sin juzgarla, sólo la observo, sea vergüenza, rabia, alegría…
  • No le busco explicación, sólo la siento y dejo que se vaya, sólo son emociones nada más (somos mucho más que emociones)
  • Al no buscar explicación, aparece la aceptación de eso que siento, no intento cambiarlo.
  • Y sorprendentemente ello sólo se resuelve, se va y/o a veces me llega una información muy valiosa de mi misma.

¡Si te apetece pruébalo! y si te aparecen dudas escríbeme y te contestaré encantada.

Resumiendo…

Elige qué creer y después disfruta aprendiendo del camino.

banerprueba

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